"Cura" de la transexualidad

Históricamente, los tratamientos psicológicos orientados a "curar" la transexualidad han sido un rotundo fracaso. En 1972, la American Medical Association Committee on Human Sexuality hizo pública la opinión médica dominante de que la psicoterapia no es efectiva para personas transexuales y que, además, la terapia de reasignación de sexo es más útil.
Un buen número de tratamientos que se utilizaron en el pasado son hoy en día considerados inefectivos para las personas con una significativa y persistente disforia de género, incluyendo la terapia de aversión, las medicaciones psicoactivas, la terapia electroconvulsiva, tratamientos hormonales permanentes con el género anatómico de nacimiento y el uso exclusivo de la psicoterapia.20
La terapia reparativa orientada a personas homosexuales también ha sido aplicada a personas transexuales, ya que en ocasiones la transexualidad es vista como una homosexualidad extrema. Esta visión ha desaparecido hace mucho de casi todas las consideraciones científicas.
Mientras la escala de Kinsey expresaba una visión similar, la comunidad científica rechaza ahora esta parte de la teoría de Alfred Kinsey, considerando inútil esta terapia reparativa tanto para personas homosexuales como para personas transexuales.
Aunque muchas de las principales asociaciones profesionales de medicina han condenado repetidamente la terapia reparativa no sólo como ineficaz, sino como realmente dañina, esta continúa siendo defendida como un tratamiento para la homosexualidad y la transexualidad por varias organizaciones con vínculos al movimiento cristiano conservador[cita requerida].
Sin embargo, para algunas personas transexuales, las terapias orientadas a resolver estos conflictos, distintas de los tratamientos somáticos para reasignar el sexo físico, pueden ser eficaces y útiles. Algunas personas pueden tener conflictos más leves entre la identidad sexual y sus características sexuales físicas. Estos individuos pueden no desear someterse a un proceso de reasignación de sexo, pero pueden buscar asistencia para superar los conflictos a los que se enfrentan.
Si los individuos expresan su deseo de asistencia psicológica sin CRS, el asesoramiento de apoyo y psico-educativo puede ser de ayuda. Sus razones para renunciar al proceso pueden incluir preocupaciones familiares o profesionales, percepciones de la dificultad del proceso, miedo a la pérdida de su posición o rol social, firmes creencias religiosas, real o percibida incapacidad para financiar el proceso y/o una avanzada edad o problemas médicos crónicos, que pueden, en algunos casos, considerarse contraindicaciones médicas para la terapia hormonal o la cirugía de reasignación de sexo.
Estos individuos a menudo buscan métodos alternativos con los que puedan mejorar su calidad de vida, promover la aceptación de su identidad sexual y mejorar su baja autoestima causada por el conflicto. Estos métodos pueden ser tratamientos somáticos parciales o terapias hormonales reducidas, que permiten a los pacientes a vestir y vivir parcialmente en el rol de género que se corresponde con su identidad sexual. Permitir a la persona una válvula de escape segura para expresarse como varón o mujer puede proporcionar una gran satisfacción a los pacientes que, por una razón u otra, eligen no someterse al proceso de reasignación de sexo[cita requerida].
READMORE
 

Debates

A principios del siglo XX se abrieron nuevas posibilidades para las personas transexuales gracias al progreso de los conocimientos endocrinológicos y los tratamientos hormonales. En la actualidad las personas que se sienten así tienen la posibilidad de concretar un cambio de sexo real a raíz del desarrollo médico-quirúrgico y tecnológico. Ahora es posible modificar la apariencia sexual del cuerpo humano. 6
Esto ha ocasionado no pocas paradojas:
  • El 4 de junio de 2011, a pesar de que el matrimonio entre personas del mismo sexo no está aceptado por la jurisprudencia francesa, se casaron en Nancy, Francia, dos mujeres. Élise es una transexual operada y con documentos femeninos mientras que Stephanie es una transexual que aún no tramitó su cambio de género en el documento (se desconoce si está operada o no), por lo cual en sus documentos figura como del sexo masculino. Por lo tanto, para la ley, se trata de un matrimonio entre un varón y una mujer. 17
  • El 29 de junio de 2008 Thomas Beatie, un transexual varón, tuvo su primer hijo del cual sería el padre y no la madre.
La reacción de la sociedad frente a la transexualidad, el transexualismo y el transgenderismo ha generado un intenso debate de compleja problemática en el orden médico, psiquiátrico, psicológico, jurídico y ético.
Los antropólogos sociales, los psicólogos, los psicoanalistas, los sociólogos, los médicos psiquiatras, cirujanos y endocrinólogos, juristas, magistrados y filósofos han tenido que ponerse a reflexionar sobre sus consecuencias.
Aparecieron así los siguientes debates:
  • Objeciones al establecimiento de una norma heterosexual que excluya otras subjetividades y otras formas de sexualidad.1
  • Discusiones acerca de la implantación de técnicas médicas capaces de modificar radicalmente los cuerpos sexuados.1
  • Polémicas sobre la fertilización asistida en parejas no heterosexuales y sobre la constitución de nuevos tipos de familias, que plantean la necesidad de analizar la cuestión de las identificaciones en dichas estructuras familiares.1
  • La solicitud de reconocimiento legal de las personas transexuales plantea problemas de carácter social al vincularse a las decisiones de las diferentes instancias jurídicas que tienen que pronunciarse en los casos de litigio.18
  • Especificar lo que permitiría al Registro Civil definir a un individuo como perteneciente al sexo masculino o al sexo femenino.6
  • El derecho tiene que reexaminar la definición jurídica de sexo para otorgar o no el reconocimiento de un cambio de sexo en las personas transexuales operadas con las consecuencias que esto ocasionará en el campo del derecho (derecho al matrimonio, a la adopción, etc).6
  • Al modificarse el sexo en el documento se modifican tanto las reglas de filiación como los concepto de paternidad y maternidad; el derecho debe decidir qué es un padre y qué es una madre.
READMORE
 

Demanda de intervención quirúrgica

El tratamiento tiene como objetivo disminuir la importancia de los caracteres sexuales secundarios del sexo rechazado. En el caso de personas biológicamente varones sometidas a un tratamiento feminizante, se reduce la musculatura y se genera una involución de los testículos y el pene, un desarrollo de los pechos y una mayor importancia de las envolturas adiposas mediante un tratamiento endocrinológico. Se suprimen el pene y los testículos, se crea una neovagina y se reduce la nuez mediante diversas intervenciones quirúrgicas. También se depila el vello mediante electrocoagulación o eliminación de los folículos pilosos por láser.6
En el caso de personas biológicamente femeninas sometidas a un tratamiento virilizante, el efecto consiste en una reducción de las masas adiposas y los pechos, un aumento de la musculatura, la aparición de una pilosidad masculina y un cambio del tono de voz, que se vuelve más grave mediante tratamiento endocrinológico. Se realiza una ablación de los pechos, procedimiento simple, y la confección de un neopene y un escroto con técnicas quirúrgicas mucho más complejas. La erección debe ser facilitada por una prótesis interna.
La cirugía de adecuación o de asignación del sexo o de reasignación del sexo (según la fuente consultada) es una terapia que la ciencia considera puede ser apropiada para mejorar el estado de salud (bienestar psicofísico) o calidad de vida de un sujeto transexual, reviste naturaleza paliativa y contribuye a la salud integral de la persona transexual y a la constitución de su identidad de género.11
Sin embargo no todos los que solicitan esta intervención quirúrgica son transexuales.1
Pueden darse en casos de mujeres hipocondríacas que quieren quitarse los senos por temor al cáncer de mama.9
También puede aparecer en ciertas psicosis clínicas, algunas formas de homosexualidad y en el travestismo.1
En ninguno de estos casos se trataría de transexuales.
Lo que define al transexual no es la demanda de cirugía, ni la necesidad de operarse, sino la fuerte convicción de pertenecer al sexo opuesto.
El quid de la transexualidad es la de la identidad de género; la persona transexual posee la convicción de que es una mujer encerrada en el cuerpo de un varón o un varón encerrado en el cuerpo de una mujer y quiere cambiar su cuerpo para adaptarlo a esa identidad.1
La mujer transexual no siente placer sexual vistiéndose de mujer, simplemente se siente mujer, y puede sentirse atraída por los varones o por las mujeres (en el caso de ser homosexual), pero le provoca rechazo que sus parejas sexuales se interesen por su pene.9
El hombre transexual no siente placer sexual vistiéndose de varón, se siente apropiado. Puede sentirse atraído por mujeres u hombres (en el caso de ser homosexual), pero le provoca rechazo que sus parejas sexuales se interesen por sus genitales.9
Quieren ser amados como varones, y la mayoría quedan satisfechos si se eliminan las partes femeninas de sus cuerpos, no sintiendo la necesidad de adquirir genitales masculinos.9
Las mujeres transexuales se dan con mayor frecuencia que los hombres.
Algunos autores plantean la hipótesis de una diferencia radical entre ellos, ya que los hombres transexuales son casos menos frecuentes y menos estudiados, pasan más desapercibidos y muchos logran vivir y trabajar como varones,9 a diferencia de las mujeres, que muchas veces terminan dedicándose a la prostitución por no encontrar otro tipo de trabajo.
Pueden incluso tener hijos mediante inseminación artificial de donante anónimo.9
En algunos países, los partidarios del fenómeno “trans”, que engloba a todos los que cuestionan los límites impuestos por el sexo - sean transexuales, transexualistas, travestis, drag queens, drag kings, butchers, queers...-, consideran que nuestra cultura posmoderna ya ha entrado en la era del postransexualismo y, en algunos casos, combaten las prácticas hormo-quirúrgicas y no expresan más que su deseo de adecuación en lo que se refiere a su “habitus” social.6
READMORE
 

Rechazo a la anatomía de destino

El concepto de diferencia sexual propio de la Modernidad se apoya en los binarismos clásicos hombre/mujer, masculino/femenino. El transgenerismo y las sexualidades nómadas nos plantean interrogantes sobre la polaridad masculino/femenino y masculinidad/feminidad, así como sobre las nociones de verdad o falsedad en relación con estas categorías.12
El planteo acerca de que la identidad sexual es arbitrariamente atribuida a partir de una lógica de la bipartición es tan cierto como falaz. Guarda en sí la ilusión libertaria pero imposible, residual del siglo XIX, de que los seres humanos pueden elegir al margen de sus determinaciones y sin constricciones. La respuesta filosófica, política y científica a esto consiste en reconocer que esta arbitrariedad no es eterna ni fijada para siempre
Hemos mostrado en capítulos anteriores cómo aún en las sociedades que reconocen una tercera categoría, sexualmente intermedia —como los berdaches entre los cheyennes, los xanith de Omán y lo mahu tahitianos,14 donde los casos de género andrógino funcionan en una tripartición-, los individuos deben escoger una identidad para toda la vida y atenerse a las reglas prescriptas de comportamiento15 sexual.
Si (bien) masculino y femenino corresponden al orden de la creencia, de los enunciados compartidos con los cuales toda sociedad establece sus premisas sosteniéndose en una lógica de la disyunción, sería reductivo y banalizante suponer que por ello son fácilmente descartables.
La distribución de género se establece, usualmente, a partir del correlato con el sustrato anatómico del niño, regido por formas de clasificación sostenidas por los modos con los cuales ciertas reglas de cultura imponen esta distribución.
Hemos hablado en otros capítulos de los cambios profundos que se han producido en la actualidad, sobre todo respecto a las nuevas cuestiones propuestas por el transexualismo y el travestismo, que hacen estallar la cómoda bipartición y los enlaces instituidos. El rehusamiento a que la anatomía defina el destino del deseo marca, de manera absolutamente inédita en la historia, el carácter no natural ni determinado biológicamente de la sexuación, poniendo de relieve, por una parte, que no hay contigüidad entre la naturaleza y la cultura.
Las intersexualidades y las transexualidades en sentido amplio - variedad de subjetividades que no encuentran cabida en la dicotomía masculino/femenino, presentaciones queer o diversidades sexuales y de género- aparecen como un desafío a los conceptos de la Modernidad sobre la diferencia sexual y de género.1
Pero mientras que en algunas intersexualidades se cuestiona la clasificación binaria hombre/mujer, en la transexualidad se acepta; simplemente, el individuo transexual pone en duda el lugar que en ella se le asigna.16
La persona transexual acepta que existen dos géneros pero considera que biológicamente pertenece al equivocado.
La persona transexual se siente víctima de un error que se expresa en la convicción - consciente e inconsciente y que se sostiene desde la infancia- de que su identidad sexual no coincide con su sexo anatómico. Esto ocurre en una persona biológicamente normal, a diferencia de los intersexuales, y es una convicción que lo puede conducir a someterse a una operación de "cambio de sexo".1
Lo rechazado no es la bipartición masculino/ femenino sino la anatomía de destino.
READMORE
 

Criterios diagnósticos

Algunas diferencias con el travestismo, la homosexualidad y la intersexualidad:
  • En la persona travesti (persona que gusta vestir con ropas pertenecientes al género opuesto al suyo) y homosexual no existe ningún conflicto entre su sexo biológico y su género, mientras que en la persona transexual su identidad sexual no coincide con su sexo biológico. Por ejemplo, un varón travesti, aunque se vista de mujer, sigue considerándose un hombre vestido de mujer.1
  • Travestis y homosexuales gozan de sus genitales, mientras que la persona transexual los padece y rechaza. Ni travestis ni homosexuales pretenden operarse, mientras que en el caso de transexuales la operación puede percibirse como algo necesario.
  • Algunos autores consideran que toda mujer que se viste de varón es transexual, no travesti, porque lo que caracteriza al travesti varón es la excitación sexual que le provoca el hecho de vestirse de mujer y la mirada del otro ante la revelación de lo que oculta bajo sus ropas, y afirman que en el caso opuesto esto no ocurre, ya que defienden que la mujer no sólo no se excita sino que se avergüenza si se descubre su identidad.9
  • Las intersexualidades son patologías con bases fisiológicas, genéticas, biológicas, y que se definen por la existencia de contradicción de uno o más de los criterios morfológicos que definen el sexo (estructura cromosómica, gónadas, genitales internos y externos, caracteres sexuales secundarios), como por ejemplo el síndrome de Klinefelter, el síndrome del varón XX, el síndrome de Turner, la agenesia mülleriana, la agenesia gonadal, la disgenesia gonadal mixta y la pura, el síndrome de la super mujer XXX, el síndrome de doble YY (XYY), el hermafroditismo ginandroide, la masculinización idiopática, la hiperplasia suprarrenal congénita, etcétera.10
    En cambio la persona transexual se tiene a sí mismo como perteneciente al sexo diferente al que resulta de su dotación cromosómica y su morfología; ésta no ofrece dudas, pero la persona la rechaza; se trata, pues, de un supuesto de confrontación entre la identidad de género, tal como es sentida por el propio sujeto y el sexo biológico, la dotación cromosómica, órganos sexuales externos e internos, caracteres sexuales secundarios.11
READMORE
 

Psiquiatría

A mediados del siglo XIX los médicos comenzaron a interesarse en los llamados trastornos de la identidad que afectaban principalmente a la identidad sexual: Nicholas Friedreich (1830), Jean Étienne Dominique Esquirol (1840), Richard von Krafft-Ebing (1892) y Moll (1892).
A principios del siglo XX, Henry Havelock Ellis y Magnus Hirschfeld (1910) identificaron un cuadro clínico al cual denominaron “travestismo”. Spengler (1914) estudió el tema desde el punto de vista de la medicina jurídica.
El término “transexualidad” fue acuñado en 1953 por Harry Benjamin, quien propuso un tratamiento con hormonas del sexo con el que se identificaban sus pacientes para aliviar su malestar. En 1973 John Money denominó este cuadro “disforia de género”.
Los primeros intentos de reasignación sexual mediante tratamiento hormonal y quirúrgico se realizaron de forma discreta y no se expusieron a la opinión pública: el primero del que se tiene noticia, citado por Hirschfeld, se realizó en 1912; más tarde se dieron algunos pocos en BerlínPragaGran Bretaña e Italia, descritos por su discípulo Felix Abraham. También se sabe de algunos realizados por los médicosnazis.
La primera operación de la que se tienen datos fue en 1930, cuando el pintor danés Einar Wegener le pidió al doctor Magnus Hirschfeld que lo transformara en mujer. Wegener falleció poco después debido a las secuelas de la operación.2
La primera tentativa exitosa que se dio a conocer al público, con repercusiones mundiales, se le practicó en Copenhague en 1952 a un ex soldado del ejército estadounidense, George Jorgensen, joven de origen danés - más tarde conocida como Christine y elegida “Woman of the year” en 1954 -. El endocrinólogo Christian Hamburger, el psiquiatra George Stürup y los cirujanos Poul Fogh-Andersen y Erling Dahl-Iversen fueron los encargados de la operación.3
El psiquiatra estadounidense Robert Stoller fue el primero que describió la transexualidad como una condición diferenciada. La relacionó con la identidad de género en contraposición al sexo biológico.4
La primera comprobación de Stoller fue que las mujeres transexuales, aunque deseadas como varones, reconocidas sin equívoco y bien aceptadas como tales, presentan desde su primera infancia un comportamiento femenino, tanto en sus elecciones de vestimenta, sus juegos y gestos, como en la entonación de su voz y su vocabulario.4
De la definición y el diagnóstico de transexualidad depende la prescripción terapéutica para la reasignación hormonal y quirúrgica del sexo.4
Siguiendo el razonamiento de Stoller, no se comprende por qué se rechazaría la solicitud de intervención quirúrgica, ya que no es ni neurótica, ni perversa, ni psicótica; ni por qué una identidad transexual bien anclada no encontraría una solución beneficiosa en la cirugía. Sin embargo, Stoller la rechazaba.5
Los errores en el diagnóstico pueden tener como consecuencia la descompensación psicótica de los pacientes después de la operación.4
Con el tiempo la transexualidad ha abandonado progresivamente su lugar en los registros patológicos y el tratamiento se ha liberado de restricciones terapéuticas: el cambio de sexo está ahora a disposición de quien lo desee en muchísimos países. En 1988 el endocrinólogo de los Países Bajos Louis Gooren fundó la cátedra de transexualismo en la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Amsterdam(Vrije Universiteit of Amsterdam), en el departamento de Endocrinología, para enseñar a los profesionales la detección precoz de la transexualidad y su tratamiento hormono-quirúrgico.6
El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales o DSM IV de la Asociación Psiquiátrica Americana clasifica la transexualidad dentro de los Trastornos de la Identidad Sexual [F64]7
La Organización Mundial de la Salud lo incluyó como síndrome médico en 1977 en una una resolución adoptada en la XXIX Asamblea Mundial de la Salud. La CIE-10 define tres trastornos diferentes: trastorno de la identidad sexual de la infancia, transvestismo de rol doble y transexualismo; en el DSM IV, estas tres entidades están recogidas dentro de una misma categoría, denominada trastorno de la identidad sexual. Según el DSM IV la insistencia por parte de un individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante.7
Existen dos componentes en el trastorno de la identidad sexual que deben estar presentes a la hora de efectuar el diagnóstico. En primer lugar, debe haber pruebas concluyentes de que el individuo se identifica, de manera sólida y persistente, con el otro sexo, lo cual constituye el deseo de ser, o la insistencia de que uno pertenece, al género opuesto del asignado al nacer.
Esta identificación con el otro sexo no consiste en el deseo de obtener las supuestas ventajas relacionadas con los usos sociales; es necesario que existan también pruebas de malestar persistente provocadas por el género asignado o un sentimiento de inadecuación con el papel de dicho género.7
Este diagnóstico no debe realizarse si el individuo padece una enfermedad física intersexual pues los individuos con trastorno de la identidad sexual poseen unos genitales normales (en contraste con los genitales ambiguos o el hipogonadismo encontrados en las enfermedades físicas intersexuales, como por ejemplo el síndrome de insensibilidad a los andrógenos o la hiperplasia suprarrenal congénita).7
Para efectuar el diagnóstico de trastorno de la identidad sexual deben existir pruebas de malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.7
Muchos individuos con trastorno de identidad sexual acaban socialmente aislados. Este ostracismo conduce a una baja autoestima y puede contribuir a un sentimiento de aversión hacia la escuela que provoque su abandono en los casos de personas en edad escolar.7
El rechazo y las burlas de los compañeros producen con frecuencia secuelas persistentes en estos niños, y las inclinaciones e intentos suicidas, los trastornos relacionados con el consumo de sustancias y la depresión clínica se encuentran a menudo asociados a este cuadro, especialmente en adolescentes.7
En adultos puede haber síntomas de ansiedad y de depresión.
Datos estadísticos sobre la población total de los países más pequeños de Europa sugieren que 1 de cada 30.000 varones y 1 de cada 100.000 mujeres desean tratamiento quirúrgico.7 Los problemas de identidad en los niños y adolescentes no se definen como trastornos mentales en el DSM IV.
El 16 de octubre de 2009 distintas organizaciones transexuales se manifestaron en todo el mundo solicitando que en la revisión del DSM V, que saldrá en mayo del 2013, desaparezca la transexualidad como patología8
READMORE
 
 

Terminología

Terminología Los términos y conceptos en torno a la transexualidad no están muy consensuados de momento, sobre todo porque se trata de una minoría poco atendida y estudiada. De hecho, probablemente los mayores esfuerzos por avanzar en su estudio están surgiendo por parte de la misma comunidad de personas transexuales. Sin embargo, en esta misma comunidad tampoco existe un consenso con respecto a los términos. - También se debate si la forma más correcta de denominar a la transexualidad es transexualismo, transgénero o transgenerismo. El género gramatical de los términos utilizados para describir a las personas transexuales siempre se refiere al género de destino, es decir, a la identidad sexual con la que se sienten identificadas. Por ejemplo, un varón transexual es alguien que fue identificado como mujer al nacer debido a sus genitales, pero que se identifica como varón. Los investigadores del tema deberían ser conscientes de que los textos médicos anticuados[cita requerida] a menudo se refieren al sexo anatómico original de la persona; en otras palabras, se refieren en masculino a una mujer transexual y viceversa. En la actualidad, este uso se recibe con un gran rechazo. - La palabra "travesti" en general es considerada ofensiva[cita requerida], ya que confunde los términos de travestismo y transexualidad. - En vez de "transexual", algunas personas prefieren decir "transexualizada/o", puesto que piensan que el término -sexual (contenido en "transexual") da lugar a confusiones. Otro motivo es que consideran que es una palabra más en línea con el término "intersexual", puesto que muchos grupos transexuales acogen en su seno a personas intersexuales, con las que opinan que tienen muchos aspectos en común. [editar]Psiquiatría

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Transwoman_at_Gay_Pride_in_S%C3%A3o_Paulo,_2008.jpg
READMORE