Rechazo a la anatomía de destino
El concepto de diferencia sexual propio de la Modernidad se apoya en los binarismos clásicos hombre/mujer, masculino/femenino. El transgenerismo y las sexualidades nómadas nos plantean interrogantes sobre la polaridad masculino/femenino y masculinidad/feminidad, así como sobre las nociones de verdad o falsedad en relación con estas categorías.12
Según Silvia Bleichmar:13
El planteo acerca de que la identidad sexual es arbitrariamente atribuida a partir de una lógica de la bipartición es tan cierto como falaz. Guarda en sí la ilusión libertaria pero imposible, residual del siglo XIX, de que los seres humanos pueden elegir al margen de sus determinaciones y sin constricciones. La respuesta filosófica, política y científica a esto consiste en reconocer que esta arbitrariedad no es eterna ni fijada para siempre
Hemos mostrado en capítulos anteriores cómo aún en las sociedades que reconocen una tercera categoría, sexualmente intermedia —como los berdaches entre los cheyennes, los xanith de Omán y lo mahu tahitianos,14 donde los casos de género andrógino funcionan en una tripartición-, los individuos deben escoger una identidad para toda la vida y atenerse a las reglas prescriptas de comportamiento15 sexual.
Si (bien) masculino y femenino corresponden al orden de la creencia, de los enunciados compartidos con los cuales toda sociedad establece sus premisas sosteniéndose en una lógica de la disyunción, sería reductivo y banalizante suponer que por ello son fácilmente descartables.
La distribución de género se establece, usualmente, a partir del correlato con el sustrato anatómico del niño, regido por formas de clasificación sostenidas por los modos con los cuales ciertas reglas de cultura imponen esta distribución.
Hemos hablado en otros capítulos de los cambios profundos que se han producido en la actualidad, sobre todo respecto a las nuevas cuestiones propuestas por el transexualismo y el travestismo, que hacen estallar la cómoda bipartición y los enlaces instituidos. El rehusamiento a que la anatomía defina el destino del deseo marca, de manera absolutamente inédita en la historia, el carácter no natural ni determinado biológicamente de la sexuación, poniendo de relieve, por una parte, que no hay contigüidad entre la naturaleza y la cultura.
Las intersexualidades y las transexualidades en sentido amplio - variedad de subjetividades que no encuentran cabida en la dicotomía masculino/femenino, presentaciones queer o diversidades sexuales y de género- aparecen como un desafío a los conceptos de la Modernidad sobre la diferencia sexual y de género.1
Pero mientras que en algunas intersexualidades se cuestiona la clasificación binaria hombre/mujer, en la transexualidad se acepta; simplemente, el individuo transexual pone en duda el lugar que en ella se le asigna.16
La persona transexual acepta que existen dos géneros pero considera que biológicamente pertenece al equivocado.
La persona transexual se siente víctima de un error que se expresa en la convicción - consciente e inconsciente y que se sostiene desde la infancia- de que su identidad sexual no coincide con su sexo anatómico. Esto ocurre en una persona biológicamente normal, a diferencia de los intersexuales, y es una convicción que lo puede conducir a someterse a una operación de "cambio de sexo".1
Lo rechazado no es la bipartición masculino/ femenino sino la anatomía de destino.
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